Siempre habíamos tenido curiosidad por ver algo así, es
decir, lo habíamos hablado algunas veces y un día charlando en un chat de sexo
con otra gente, conocimos a una chica. Trabamos cierta amistad con ella y nos
propuso quedar. No es la primera vez que quedábamos con conocidos de Internet,
a veces para charlar, otras para tener sexo. Así que aquel día cogimos el tren
para vernos en persona con aquella mujer. Ella tenía entre 35 y 40 años, buena
figura, un buen culo y era bastante atractiva. La verdad es que nada más verla
comencé a fantasear con un trio con ella y mi mujer. Mi mujer sabe
perfectamente cómo me gustan las mujeres y me echo un par de miradas picaronas,
ella sabía lo que yo estaba pensando, tenerlas a las dos de rodillas ante mi
comiéndome la polla.
Charlamos un rato en el café y a la chica debimos gustarle
porque nos emplazó a visitarla en su casa por la noche, nosotros aceptamos y
regresamos al hotel a descansar un rato, ducharnos y ponernos guapos. Mi mujer
me estuvo provocando todo este rato haciendo bromas sobre lo bien que lo
pasaría aquella noche. Me tuve que controlar mucho para no empotrarla allí
mismo.
Cogimos un taxi y fuimos hasta la casa de la chica, pague la
carrera, nos bajamos y pulsamos el botón del telefonillo. Ella contesto en
seguida y nos abrió. En el ascensor bese a mi mujer, ella me echo mano a la
entrepierna.
-Ya vas caliente- me susurro.
- Muchísimo- conteste yo.
El ascensor se detuvo y salimos de él, ella no esperaba en
la puerta del piso, nos hizo pasar tomo nuestros abrigos y nos ofreció unas
copas de vino que aceptamos. Nos sentamos en un sofá yo en medio de las dos.
Ella había preparado algo para picotear, así que mientras nos conocíamos un
poco más, aprovechamos para comer algo. Pronto empezaron los juegos y empezamos
a pasarnos comida con la boca. No sé de qué disfrutaba más si de ponerles
comida en los labios a ellas o de ver como se la ponían ellas. En un momento
dado mi chica bebió un sorbo de vino y comenzó a verterlo en mi boca, una parte
chorreo por la comisura de mis labios, pero Ana que así se llamaba la chica por
cierto lo lamio. Pronto estábamos los tres besándonos y jugando con nuestras
lenguas. Notaba mi polla dura, queriendo reventar mi pantalón, pronto ellas
bajaron las manos y entre besos y sonrisas me la sacaron. Seguí besando a Ana y
desnudándola mientras mi mujer se agachaba a chupármela. Le saque el vestido a
Ana y la deje solo con el tanga, ella se unió a mi mujer y ambas comenzaron a
mamármela, primero ambas la recorrieron con sus lenguas y luego se fueron
turnando. Mientras Ana chupaba mi mujer se desvestía. De vez en cuando me
miraba deleitándose con mi cara de placer.
-Sentaros- dijo Ana, se levantó y salió del cuarto. Volvió
al poco tiempo trayendo consigo a un enorme mastín. Lo llevaba con correa. Ana
se sentó en un sofá enfrente nuestra, se sacó las bragas y el perro comenzó a
lamerle el coño. Se notaba que no era la primera vez. Mientras el perro lamia,
ella se masturbaba. Yo me había quedado algo cortado al ver al perro, pero
luego me levante y me acerque a mirar. Mi mujer se levantó conmigo y ambos
contemplamos como Ana se corría, estremeciéndose entre profundos y prolongados
gemidos. Luego se quedó mirándonos.
- ¿Os ha gustado? - nos preguntó. Ambos respondimos
afirmativamente. Ella sonrió. Se levantó sujetando al perro.
¿Queréis ver más? - volvió a preguntar. Mi mujer y yo nos
miramos y volvimos asentir. Nos indicó que nos sentáramos de nuevo en el sofá.
Ella se puso de rodillas y poniendo la cabeza sobre el suelo, saco todo su
trasero y soltó al perro, este inmediatamente se dirigió hacia el culo de su
dueña lo chupo un par de veces y la monto. Notamos que la había penetrado
porque cuando lo hizo Ana soltó un grito de placer. Ana se incorporó un poco y
le pidió a mi mujer que se acercara y abriera las piernas. Mi mujer lo hizo y
Ana comenzó a comerle el coño mientras el perro seguía fallándosela. Yo besaba
a mi mujer mientras y le comía las tetas, sabía que aquella situación la
excitaba tanto como a mí. No tardo en correrse apretando la cabeza de Ana
contra su coño y la vez clavando sus uñas en mi espalda.
Mientras tanto el perro había introducido su bola en el coño
de Ana y estaba pegado a ella, llenándola con su semen. Ella disfrutaba mucho
de ello, solo había que mirar su cara. Cuando mi mujer se recuperó se puso en
cuclillas al lado de Ana y comenzó a masturbarme despacio mientras Ana me lamia
la punta de la polla. La situación y las
caricias de ambas me tenían a reventar.
-Quiero correrme en vuestras caras y bocas mientras os
besáis. - pedí con voz ronca. Mi mujer me miro y beso a Ana que no rechazo la
propuesta, yo me masturbe hasta que el semen comenzó a brotar de mi polla
mientras un latigazo de placer recorría mi columna. Mi esperma cayo en sus
labios, en sus mejillas y ambas se besaron y lamieron hasta limpiarse la una a
la otra. Después de ver eso me recosté en el sofá y cerré los durante medio
minuto, cuando los abrí mi mujer siempre curiosa se había acercado para ver la
polla del mastín clavada en el coño de Ana. Yo me levante también para
mirar. Poco después el perro comenzó a
sacar su polla, cuando lo hizo Ana soltó otro grito y de su coño comenzó a
brotar el semen del animal que no tardo en lamer a su dueña. Ana dejo hacer a
su mascota amante durante un tiempo luego se levantó y nos miró con los ojos
brillantes de placer y con un leve toque de vergüenza.
- Voy a ducharme. - dijo. Mientras se duchaba mi mujer y yo
tomamos algo más de vino y comentamos lo que habíamos visto. Un cuarto de hora
más tarde regreso Ana, desnuda y con un pañuelo en la cabeza.
- ¿Algo que preguntar?- nos ofreció resuelta, y comenzamos
una animada charla que termino con los tres dormidos en la misma cama.
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