lunes, 2 de enero de 2017

Dos Hermanas

Había sido un día de mierda, ocho horas trabajando y dos más de reunión con el presidente, gerentes, directores de áreas como yo y algún que otro soplapollas, así que cuando por fin cerré la puerta de casa. Avance hasta la salita y me sorprendió no ver a mi mujer en casa, mire primero en la sala de estar y luego la llame por su nombre, me respondió el silencio, así que deje el maletín en el sofá y fui a la cocina. En la nevera había escrito un papel.
“Vuelvo en seguida, te traeré un regalo”.

Creo que tras leer el papel sonreí de verdad por primera vez aquel día. El resto de sonrisas habían sido forzadas y dirigidas a la sarta de compañeros de trabajo que tengo, pero hay que ganarse la vida.

Abrí el frigorífico, me agache y saque una coca cola, la abrí sin cerrar el frigorífico lo que en tiempos pasados me habría supuesto una bronca de mi madre y le di un largo trago. Eructe como hacemos todos los hombres cuando estamos a solas y algunos cuando no. Deje la bebida en la encimera y me fui al baño. Allí me saqué el pene y comencé a mear mientras suspiraba relajándome. Me la sacudí y me la guardo y volví a la cocina a retomar la coca cola, por el camino encendí el ordenador dispuesto a echar una partida mientras esperaba a mi mujer.

No me dio tiempo, cuando me disponía a entrar escuche la puerta del piso abrirse, así que me asome al pasillo, cuál fue mi sorpresa cuando vi a su hermana y cuñada mía, aparecer. Mi cuñada es guapa, no tanto como mi esposa, pero es una mujer atractiva, ahora se había teñido de rubia y eso resaltaba algo más su forma de ser pija que tanto chocaba conmigo. Mi cuñada me saludo con la mano mientras mi mujer entraba detrás. Yo las mire mientras se quitaban los abrigos y los dejaban junto con los bolsos en el perchero.
Mi mujer se me acerco y me beso en la boca.

-Este es tu regalo- me dijo. Yo la mire sorprendido sin entender nada. Ella cogió a su hermana del pelo y la puso de rodillas ante mí. Yo seguía boquiabierto, incapaz de reaccionar mientras mi esposa me abría la bragueta y me sacaba la polla con soltura. Empezó a acariciármela mientras me besaba, metiendo su lengua en mi boca. Yo me encendí y mi polla comenzó a crecer. Luego mi mujer acerco la boca de su hermana a mi polla y la metió. Fue empujando poco a poco, cada vez más mi polla contra su boca, cogiéndola a ella del pelo. Cuando juzgo que ella ya podía mamar sola se incorporó me beso y comenzó a desvestirme. Me aflojo el nudo de la corbata y me la quito lanzándola quien sabe dónde. Luego me ayudo a quitarme la chaqueta y acto seguido se puso con los botones de mi camisa. Yo alternaba mis miradas, primero miraba a mi esposa, la cual me devolvía la mirada, picara, caliente, perversa. Después bajaba la cabeza y veía la cabeza rubia de mi cuñada y parte de su cara mientras me devoraba la polla, nada mal, por cierto.

Cuando me había quedado en pantalones, mi esposa se sacó el vestido y en un instante estaba en ropa interior. Luego aparto a su hermana y se agacho ella y se la metió en la boca, ella me miraba fijamente. Entre tanto mi cuñada se quitó la ropa quedándose también ella en sujetador y en un culotte muy sexy. Se arrodillo junto a su hermana y metió su lengua en mis huevos.  
Comenzaron a intercambiar sus bocas, sus lenguas con mi polla entre medias, su saliva se mezclaba en ella una y otra vez, brillante y morada de excitación. Yo puse cada una de mis manos en sus respectivas cabezas, suspirando y gimiendo de placer.

Mi esposa debió detectar que si no paraban me acabaría corriendo y me empujó hacia atrás.
Ambas se levantaron y comenzaron a desvestirse despacio entre besos, yo aproveche para quitarme toda la ropa también mientras miraba su baile de besos caricias, mordiscos, miradas, lametones. Un baile del que grababa cada imagen a fuego en mi mente. Mi esposa se arrodillo ahora ante mi hermana y vi como lamia le lamia el coño de abajo arriba, pasando toda su lengua y la vagina rasurada de mi cuñada se perlaba con la saliva de mi señora.

Ahora era mi cuñada la que agarraba la cabeza de mi esposa, apretándola contra su coño, yo miraba, masturbándome, no tardo en empezar a gemir y correrse en la boca de mi mujer. Cuando termino mi mujer me miro sonriendo.

Se levantó y tomo a su hermana de la mano y se fueron al sofá, su hermana debajo, ella encima haciendo un sesenta y nueve. Mi señora esposa me ofreció su mano, yo la tome, ella tiro de mí y después de darme un largo morreo me pidió que la tomase.

Yo me coloque en lado del sofá donde ella tenía el culo, así sus caderas y la penetre con fuerza, ella soltó un gritito. Comencé a moverme dentro suya con grandes embestidas que abrían su coño. A cada embestida, su boca soltaba un gemido, vi como agarraba con fuerza las piernas de su hermana, como me agarra a mi cuando esta cachonda, muy cachonda. Su hermana mientras tanto le lamia el clítoris con la lengua. Yo también me encendí más, le di un par de azotes en el culo, que dejaron mi mano marcada sobre su piel.

- ¡Córrete cabrón, lléname! - me pidió. Yo la cogí aún más fuerte y aumenté el ritmo, de mis penetraciones, yo también comencé a gemir, y los gemidos de ambos llenaron la casa. Mi esperma broto llenando el interior de su vagina.

Me aferre a sus nalgas mientras me recuperaba del esfuerzo, ella se giro y yo me acerque a su boca y la bese.

-Sabes cariño, hoy es el único día que le vas a poder decir puta a mi hermana y no se quejara. - dijo. – Ahora mira, hermana abre la boca- dijo, yo mire con atención, su hermana pequeña algo colorada tras las palabras de su hermana abrió la boca. Mi semen comenzó a caer del coño de mi mujer a la boca abierta de su hermana. Cuando dejo de caer, esta lo trago, me miro y s
onrió.
- Sí que es una puta si- tuve que admitir yo.
- ¿Sabe o no sabe bien? - le pregunto mi mujer a su hermana. La hermana asintió y los tres nos reímos.

Más tarde aquella noche hablando con mi esposa de lo que había pasado me comento que hablaba mucho con su hermana sobre sexo y que un día le había dicho que yo sabía muy bien. Tras ese día su hermana le hacía bromas sobre su sabor hasta que un día hicieron una apuesta y quien ganara haría que la otra se acostara con su marido y con ella.
- ¿Y qué habría pasado si pierdes?- le pregunte algo mosca.
- Tonto eres a veces, ella acepto la apuesta porque sabía que perdería, se va a divorciar de su marido y tú le pones desde siempre. Crees que me acostaría con el capullo de su marido, lo dicho, tonto del todo, abrázame y vamos a dormir. - sentencio.

Y yo la abrace y tras pensar un rato en lo que había pasado, me quede dormido junto a ella.






No hay comentarios:

Publicar un comentario